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¿Quién es y a qué se dedica el lingüista hispano?

Para definir concepto y competencias del lingüista hispano hemos seleccionado algunos fragmentos del texto de Giovanni Parodi, lingüista chileno «¿Qué significa ser lingüista en el siglo XXI?: Reflexión teórica y metateórica», escrito y publicado en la Revista Signos en el año 2008 (Signos, 41, 67: 135-154)

«Si recurrimos a lo que la gente en su cotidianeidad normalmente asume, la tendencia indica que el lingüista es, por una parte, una persona competente en varias lenguas particulares, esto es, una persona con gran habilidad para aprender y hablar muchas lenguas. En otras palabras, desde esta mirada, lingüista se asimila a políglota. […] Una segunda acepción, proveniente de la cultura popular, dice relación con la idea de experto en el manejo de la lengua y conocedor de sus usos y abusos. Por ello, se suele exigir al lingüista actuar como censor y autoridad de lo correcto e incorrecto. Así, a veces, el lingüista se ve enfrentado a proceder como juez normativista que dirime en un conflicto lingüístico y debe ser poseedor de la verdad absoluta. A veces, las audiencias involucradas suelen sentirse decepcionadas cuando el especialista declara que ambas voces o estructuras en disputa son adecuadas, pero que tienen contextos de uso y situaciones específicas y que cumplen funciones divergentes. […] Así, muchas veces se termina por poner en duda el juicio del supuesto experto, pues la fuerte tradición idealizadora impone un fallo descalificador de una u otra postura. En estos casos, suele ocurrir que la autoridad no logra convencer y sus esfuerzos no penetran la fuerte corteza de la cultura y las creencias populares. […] Incluso, como se sabe, en círculos aún más restringidos, el llamado lingüista es siempre el designado para tomar notas, escribir cartas, redactar acuerdos y hablar en público. Como si profesar este oficio fuera indicador de manejo excelso de la lengua oral y de la lengua escrita y todo ello implicara un conocimiento acabado de sus múltiples registros, innumerables géneros e infinitas variedades de uso.

Ahora bien, si se sigue el rastro clásico en una indagación inicial de tipo lexicográfico, el Diccionario de la Lengua Española (R.A.E., 2001: 1384) consigna que lingüista es una “persona versada en lingüística”. Como se desprende, nada se declara de los deberes de este profesional, de sus compromisos, ni de sus tareas. El foco está en que tal persona debe conocer la lingüística, con un grado importante de profundidad. Si se sigue la indagación hacia el vocablo lingüística, notamos que, en el mismo Diccionario de la Lengua Española (R.A.E., 2001:1384) se señala que es la “ciencia del lenguaje”. Con estos breves antecedentes, tenemos que un lingüista debe ser una persona que domina un cuerpo relativamente importante de conocimientos adscritos a la ciencia del lenguaje. Sin lugar a dudas, la rica mirada y perspectiva que nos proporcionan los albores del siglo XXI también nos permite observar que la cantidad de ramas, áreas, sub e interdisciplinas que hoy existen constituyen un extremadamente amplio terreno de estudio en el cual cada parcela ha alcanzado un desarrollo considerable. Esta mirada a la que aludíamos pone de manifiesto la complejidad de lograr un conocimiento cabal en todas las denominadas “ciencias del lenguaje”, ahora en plural. […]

Ser un lingüista del siglo XXI impone un conocimiento amplio de las problemáticas acerca del lenguaje, tales como su naturaleza, su especificidad, su evolución, su asiento biológico. También ser lingüista contemporáneo implica contar con un conocimiento acerca de las lenguas particulares, de sus regularidades y de sus variaciones. Desde este tremendo reino de posibilidades, el lingüista es libre para elegir un dominio, un área de interés, en la cual profundizará y a la cual convertirá en su especialización. Pero la urgencia de focalización no debe opacar la tremenda necesidad de respuestas a cuestiones fundamentales. El lingüista del siglo XXI no debe enarbolar exclusivamente la bandera de la normativa, de los prescriptivismos. Este investigador debe ser una persona que se plantea interrogantes, que pretende resolver problemas de la vida cotidiana, que observa los diversos planos del lenguaje y de las lenguas y busca explicaciones. Se cultiva así una línea de investigación y una de reflexión crítica, [que] conjuga tradición y postmodernidad. […] Defendemos y propugnamos, [por lo tanto], una lingüística hispánica que atienda al uso, a la variación y a la variabilidad, pero que también se cuestione los fundamentos del lenguaje. Una lingüística que se acerque a los hablantes/escribientes y oyentes/lectores en sus diversos contextos cotidianos y aporte a las demandas de la sociedad actual. Una lingüística que, al mismo tiempo, atienda a las propiedades de una facultad humana tal como es el lenguaje y también tenga en cuenta las exigencias del mundo contemporáneo y sus urgencias. Todo ello desde un enfoque interdisciplinario, o más bien, decididamente transdisciplinario. […]

Ser un/una lingüista del siglo XXI implica manejar un delicado balance entre tradición, innovación y vanguardismo. Algunas tareas del/de la lingüista deberían ser:

  • Propender hacia la construcción de un cuerpo de conocimiento disciplinar altamente valorado por su replicabilidad, robustez y proyecciones. Fortalecer, desde sólidos principios teóricos y antecedentes empíricos, la dimensión aplicada y la de transferencia. Tender hacia la modelización computacional e implementación de principios teóricos y realidades sustentadas empíricamente. Llevar a la disciplina a someterse a estándares generales de valoración. Aportar a la modernización y tecnologización de las técnicas de recogida y manejo de datos, así como de los instrumentos de análisis.
  • Fortalecer el componente científico experimental, cuando corresponda.»

Esta sección está dedicada a los perfiles y las experiencias de lingüistas hispanos: biografías, entrevistas, spin-off.
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